6 cosas que me ayudaron a volver a mí después de la depresión
No hubo un momento concreto en el que todo cambió.
Fue mucho más simple… y mucho más lento.
Fueron pequeñas cosas, repetidas una y otra vez, incluso cuando no tenía ganas.
Esto no es una guía. No es lo que “deberías” hacer.
Es simplemente lo que a mí me sostuvo cuando no tenía energía para sostenerme sola.
1. Tener una rutina que no tenía que pensar
Cuando estás en depresión, incluso decidir qué hacer puede ser demasiado.
La rutina fue lo que me quitó ese peso.
No era perfecta. No era productiva. Era repetible.
Despertarme, moverme un poco, comer a ciertas horas…
cosas simples que no requerían motivación, solo presencia.
La repetición, poco a poco, me fue devolviendo una sensación de estabilidad.
2. Volver a comida fresca
Empezé a elegir comida más simple, más real.
Fruta, verduras, comida cítrica, sopas calientes… cosas que mi cuerpo pudiera reconocer.
No lo hice por disciplina, lo hice porque noté que me reconfortaba es tipo de comida.
A veces, cuidar el cuerpo es la forma más accesible de empezar a cuidarte por dentro.
3. Slow mornings
Mañanas lentas.
Dejar de empezar el día corriendo lo cambió todo.
Sin móvil. Sin prisa. Sin exigencia.
Solo levantarme, respirar, tomar cafe, mover el cuerpo suavemente.
Esos primeros momentos del día empezaron a sentirse como un espacio seguro.
Y eso, cuando todo dentro se siente inestable… es enorme.
4. Aceptar la medicación
Esto fue importante.
Y también fue algo que me costó.
Pero en mi caso, la medicación fue parte del proceso.
No como solución mágica, sino como apoyo.
Me ayudó a crear un poco de espacio…
lo suficiente para poder empezar a hacer pequeños cambios.
Creo que es importante hablar de esto sin juicio.
Cada proceso es diferente.
Y pedir ayuda también es parte de sanar.
5. Llamar a mis padres y a mi hermana cada mañana
Tener el apoyo de la familia es una de las cosas más importantes en la sanación.
No siempre eran conversaciones profundas.
A veces eran simples, cortas, incluso silenciosas.
Pero me recordaban algo muy importante: no estaba sola.
Esa conexión diaria, aunque fuera pequeña, me sostenía más de lo que pensaba.
6. Cenar cada noche con mi pareja y nuestra gata
Esto se convirtió en un ancla. Cada noche, sin falta.
Sentarnos a cenar, compartir ese momento, sin pantallas, sin distracciones.
Algo tan simple… pero tan estable.
Había algo muy calmante en saber que, pasara lo que pasara durante el día, ese momento iba a estar ahí.
Predecible. Seguro. Real.
Lo que aprendí de todo esto
Que no necesitas hacerlo todo perfecto.
Que no necesitas sentirte bien para empezar a cuidarte.
Que muchas veces, lo que más ayuda no son los grandes cambios…
sino las cosas pequeñas que se repiten.
Y sobre todo:
Que volver a ti no es un momento. Es un proceso.
Si estás pasando por algo parecido
No tienes que hacerlo todo. Empieza con una cosa. Una pequeña.
Algo que puedas repetir, incluso en los días en los que no tienes energía.
Y si puedes, no lo hagas sola/o.