Lucha, huida, congelación, complacencia: Cómo se siente cada estado en el cuerpo

Hay días en los que no puedes explicar por qué te sientes así. No ha pasado nada "grave", nadie te ha gritado, no hay una crisis evidente, pero tu mandíbula está apretada, o no puedes parar de moverte, o te quedas completamente en blanco cuando alguien te pregunta algo simple, o dices que sí a algo que en realidad no querías.

Eso no es "tu personalidad". Es tu sistema nervioso ejecutando uno de cuatro programas de supervivencia que llevamos incorporados desde mucho antes de que existiera el lenguaje para nombrarlos: lucha, huida, congelación o complacencia. Y la mayoría de nosotros vivimos activando uno de estos estados varias veces al día, sin tener ni idea de que eso es lo que está pasando en el cuerpo.

Te los voy a explicar no desde la teoría, sino desde cómo se sienten de verdad, porque reconocerlos en el cuerpo es el primer paso real para poder trabajar con ellos.

Por qué existen estos cuatro estados

Cuando tu cerebro percibe una amenaza (real o no), da igual, tu sistema nervioso no distingue bien entre un peligro físico y un correo de trabajo que te genera pánico, la amígdala envía una señal de alarma que activa tu sistema nervioso autónomo. Dependiendo de qué recursos sientas que tienes en ese momento, tu cuerpo elige uno de estos cuatro caminos para intentar mantenerte a salvo. No lo eliges tú conscientemente. Ocurre antes de que puedas pensarlo.

Lucha: cuando el cuerpo se prepara para atacar

Cómo se siente: mandíbula apretada, puños cerrados sin darte cuenta, calor en el pecho o la cara, ganas de discutir o de tener razón a toda costa, irritabilidad que sale de la nada, tensión en los hombros que no baja aunque lo intentes.

Este es tu sistema nervioso simpático preparando el cuerpo para confrontar el peligro directamente. El problema es que la mayoría de las "amenazas" modernas —un mensaje de tu jefe, una discusión con tu pareja, el tráfico— no se resuelven luchando físicamente, así que toda esa activación se queda atrapada en el cuerpo sin salida real.

Huida: cuando el cuerpo necesita moverse ya

Cómo se siente: piernas inquietas, necesidad de estar constantemente ocupada, dificultad para quedarte quieta/o aunque estés agotada/o, pensamientos acelerados que saltan de una cosa a otra, sensación de que si paras vas a "perder el control".

También viene del sistema nervioso simpático, pero en vez de prepararte para confrontar, te prepara para escapar. Mucha gente vive en este estado durante años sin saberlo, lo llaman "ser productivo" o "tener mucha energía", cuando en realidad es un sistema nervioso que no sabe cómo parar porque parar se siente peligroso.

Congelación: cuando el cuerpo se apaga

Cómo se siente: desconexión, sensación de estar "fuera" de tu propio cuerpo, quedarte en blanco cuando alguien te confronta, cansancio pesado que no se explica con horas de sueño, dificultad para sentir emociones con claridad, como si vieras tu vida desde fuera de la pantalla.

Esta respuesta viene de una rama distinta: el sistema parasimpático dorsal, según la teoría polivagal. Se activa cuando ni luchar ni huir parecen opciones posibles — el cuerpo, sin poder escapar ni confrontar, opta por apagarse. Aquí está lo que casi nadie entiende de este estado: muchas personas creen que "no reaccionan" porque son pasivas por naturaleza. En realidad, su sistema nervioso está profundamente activado, solo que hacia dentro, no hacia fuera.

Complacencia (fawn): cuando el cuerpo intenta calmar la amenaza agradando

Cómo se siente: decir que sí cuando quieres decir que no, disculparte constantemente sin saber muy bien por qué, dificultad enorme para poner límites, sensación de responsabilidad por el estado emocional de los demás, perder de vista lo que tú realmente quieres en medio de intentar que la otra persona esté bien.

Este es el estado menos conocido de los cuatro, y probablemente el más común en personas que han aprendido, desde muy jóvenes, que mantener la paz es más seguro que expresar una necesidad propia. Su activación crónica puede llevar a una dificultad persistente para poner límites, pérdida de identidad personal, y una autoestima que depende constantemente de si la otra persona está contenta contigo.

Por qué reconocerlos en el cuerpo cambia todo

Aquí está el problema con la mayoría del contenido que existe sobre esto: te explica la teoría —amígdala, cortisol, sistema simpático versus parasimpático— pero no te dice qué hacer con esa información cuando estás en medio del estado, sintiéndolo en tu cuerpo, no leyéndolo en un artículo.

Y la razón por la que esto importa tanto para tu práctica de movimiento es esta: cada uno de estos cuatro estados necesita algo distinto del cuerpo para completarse y volver a un estado de calma real.

  • Si estás en lucha: tu cuerpo necesita descargar esa energía de forma segura — movimiento con resistencia real, presión, empuje. No sirve quedarte quieta intentando "calmarte" cuando el cuerpo todavía está preparado para confrontar.

  • Si estás en huida: necesitas movimiento, pero movimiento con dirección y ritmo, no agitación sin foco. El cuerpo necesita sentir que completó el impulso de moverse, no reprimirlo.

  • Si estás en congelación: necesitas lo contrario de lo que el estado te pide. Necesitas movimiento muy pequeño, muy lento, para reconectar con el cuerpo poco a poco, sin forzar una activación que se sienta insegura.

  • Si estás en complacencia: necesitas movimiento y respiración que te devuelvan la sensación de tener espacio propio — literalmente, ocupar más espacio con el cuerpo, sentir tus propios límites físicos antes de poder sentir tus límites emocionales.

Esto es exactamente lo que trabajamos dentro de Namaskar Club : no un único tipo de movimiento para todo el mundo, sino un proceso que te ayuda a reconocer en qué estado está tu sistema nervioso hoy, y a darle al cuerpo exactamente lo que necesita para completar ese ciclo, en vez de quedarte atrapada en él.

No tienes que hacerlo sola/o

Reconocer estos estados en tu propio cuerpo lleva tiempo, y honestamente, es mucho más fácil cuando tienes a alguien acompañándote en el proceso, o cuando ves que otras personas están pasando por lo mismo.

Este artículo tiene fines informativos y educativos, y no sustituye la orientación de un profesional de la salud mental. Si sientes que vives instalada de forma crónica en alguno de estos estados, o si esto está afectando significativamente tu vida diaria, habla con un profesional cualificado.

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